¿Cómo detectarlo?
En el ámbito escolar se desarrollan diversas formas de violencia. Aunque ahora es cada vez más común escuchar sobre el acoso escolar, no es una moda, pasa desde hace mucho tiempo. De hecho hay niños que desde los 5 años lo viven. Cualquiera puede sufrirlo o hacerlo.
El bullying es un comportamiento de naturaleza claramente agresiva. Que se da entre alumnos, no importa el sexo, la edad, ni el grado escolar. Un estudiante lo sufre cuando uno o algunos de sus compañeros lo molestan, le pegan o se burlan de su aspecto, forma de hablar o de vestir, le esconden o rompen sus pertenencias o lo amenazan o le obligan a hacer algo que no quiere.
El bullying no debe confundirse con juegos bruscos entre amigos. No es una manifestación insignificante y pasajera; no es un accidente o una travesura. Tampoco es una conducta exclusiva de los varones, las mujeres también lo hacen.
Cualquier niño puede sufrir acoso, no importa la raza, el credo, la posición económica y la nacionalidad.
El acoso tiene diversas modalidades: puede llevarse a cabo de forma física, verbal, electrónica o cyberbullying, gesticular, escrito o gráfico, económico o sexual.
Algunas heridas causadas por el bullying pueden ser de larga duración. Los adultos que fueron acosados durante su infancia son más propensos a estar deprimidos y tener una autoestima baja.
Daños físicos, enfermedades, problemas psicológicos, bajo aprovechamiento escolar, aislamiento, baja autoestima, ansiedad y nerviosismo, depresión, abandono escolar, problemas para dormir, tristeza, miedo, resentimiento, rencor, etc; pueden ser algunos indicadores de que nuestro hijo puede ser víctima de bullying.
La escuela también enseña y fomenta valores y habilidades sociales por lo que deberá poner límites a cualquier agresión a través de reglamentos. Dichas normas deberán cumplirse absolutamente. El rol de los maestros es crucial en el combate al acoso escolar, ya que son pieza clave para su prevención, detección, control y solución. Por lo tanto unir esfuerzos, educar en valores y establecer límites es tarea de todos.
En el caso de los padres es muy importante actuar de inmediato ante el menor indicador, solicitando hablar con el docente o director en su caso. Siempre creer a nuestros hijos y brindarles el apoyo que requieren es el primer paso para ayudar a superar este problema. Pero sobre todo lo que el niño que sufre de bullying necesita, es el amor, cariño y comprensión de su familia y el conocimiento de que hay alguien que está interesado en ayudarle.
El bullying es un comportamiento de naturaleza claramente agresiva. Que se da entre alumnos, no importa el sexo, la edad, ni el grado escolar. Un estudiante lo sufre cuando uno o algunos de sus compañeros lo molestan, le pegan o se burlan de su aspecto, forma de hablar o de vestir, le esconden o rompen sus pertenencias o lo amenazan o le obligan a hacer algo que no quiere.
El bullying no debe confundirse con juegos bruscos entre amigos. No es una manifestación insignificante y pasajera; no es un accidente o una travesura. Tampoco es una conducta exclusiva de los varones, las mujeres también lo hacen.
Cualquier niño puede sufrir acoso, no importa la raza, el credo, la posición económica y la nacionalidad.
El acoso tiene diversas modalidades: puede llevarse a cabo de forma física, verbal, electrónica o cyberbullying, gesticular, escrito o gráfico, económico o sexual.
Algunas heridas causadas por el bullying pueden ser de larga duración. Los adultos que fueron acosados durante su infancia son más propensos a estar deprimidos y tener una autoestima baja.
Daños físicos, enfermedades, problemas psicológicos, bajo aprovechamiento escolar, aislamiento, baja autoestima, ansiedad y nerviosismo, depresión, abandono escolar, problemas para dormir, tristeza, miedo, resentimiento, rencor, etc; pueden ser algunos indicadores de que nuestro hijo puede ser víctima de bullying.
La escuela también enseña y fomenta valores y habilidades sociales por lo que deberá poner límites a cualquier agresión a través de reglamentos. Dichas normas deberán cumplirse absolutamente. El rol de los maestros es crucial en el combate al acoso escolar, ya que son pieza clave para su prevención, detección, control y solución. Por lo tanto unir esfuerzos, educar en valores y establecer límites es tarea de todos.
En el caso de los padres es muy importante actuar de inmediato ante el menor indicador, solicitando hablar con el docente o director en su caso. Siempre creer a nuestros hijos y brindarles el apoyo que requieren es el primer paso para ayudar a superar este problema. Pero sobre todo lo que el niño que sufre de bullying necesita, es el amor, cariño y comprensión de su familia y el conocimiento de que hay alguien que está interesado en ayudarle.